jueves, 21 de abril de 2011

Intento a la cumbre del Chimborazo y homenaje a Omar Contrras

Antes de iniciar con el relato sobre la incursión de montaña, informamos que el objetivo de llevar la placa en homenaje póstumo a Omar Contreras, realizada con la mejor de las intenciones por Yndira Hurtado, quien materializó el sentimiento de muchos que deseaban dar una pequeña muestra de afecto, fue llevado a cabo y ahora dicha placa reposa en el muro de entrada del refugio Whymper a 5000 m en la cara sur del Chimborazo; agradecemos profundamente a Yndira, a los amigos en Venezuela, Quito y Riobamba y muy especialmente a Omar Contreras por ser profundamente fuente de inspiración para intentar rasgar el cielo con nuestras manos. Igualmente agradecemos al diario regional independiente Los Andes de Riobamba por la nota publicada sobre este homenaje.
Queremos comenzar nuestro relato sin muchos rodeos sobre el desenlace de esta incursión de montaña: la meta de alcanzar la más alta cumbre de la nación ecuatoriana no fue alcanzada.
No obstante y sin ánimo de presentar justificaciones (porque creemos que no deben hacerse y en si por que en el seno del grupo no se cometieron imprudencias que ameritasen de las mismas), desplegamos para aquellos amigos, compañeros de camino y trabajo, empresas públicas y privadas que creyeron en este proyecto, apoyaron y siguen las andanzas de A.C. ANDES-TERRA, los pormenores de esta expedición, que más que un intento fallido por no alcanzar el tope de la montaña, dejó muchas enseñanzas en cuanto a técnicas de guía en montaña, contactos de intercambio de información sobre turismo de aventura y escalada, uso del GPS, trabajo en equipo, y otros aspectos tácitos propio de este tipo de actividades.

El día 12 de abril, luego de haber hecho contacto con Marco Heredia, hábil escalador Ecuatoriano de alta experiencia en su país y a nivel mundial, apodado cariñosamente por el mismo y sus amigos como “El negro”, quien es a su vez representante de la Federación Ecuatoriana de Andinismo (FEDAN) y con quien estamos profundamente agradecidos por toda su hospitalidad al fungir como asesor de la expedición y brindarnos cobijo en su hogar, ascendimos con Julio Veintemilla (nuestro guía recomendado por Marco) al refugio de los Hermanos Carrel a 4.800 m para de ahí con botas rígidas puestas hacer contacto con el refugio Whymper a 5000 m, lugar que constituyó nuestro punto de partida para el ataque a la anhelada cumbre (arribamos a este sitio a las 4:30 p.m.)





Luego de haber degustado de una deliciosa cena, hidratarnos y preparar los bolsos de ataque, nos dispusimos a descansar, no sin antes comentar los detalles del ascenso para levantarnos a las 10:00 p.m. y tomar el respectivo desayuno de montaña.
Sobre los detalles charlados con Julio Veintemilla, queremos hacer especial mención sobre la rudeza de las condiciones del tiempo atmosférico para el ascenso: estas versaron sobre las continuas nevadas acumuladas de varios días y que no cambiaron a lo largo del día 12 de abril, que superpuestas, hacían del camino, una ruta de difícil tránsito que pusieron para el momento de la charla en entredicho la posibilidad de incluso iniciar el ascenso, por cuanto las probabilidades de conseguir la cumbre ya estaban bastantes bajas desde un comienzo.


Adicionalmente, en caso de poder salir, existía una altísima probabilidad de no poder realizar el desplazamiento completo como lo aseguró fehacientemente nuestro guía, de solo llegar hasta el corredor (situado a 200 m del castillo en sentido vertical), hasta el castillo o la arista si las condiciones de la nieve floja y de gran espesor se presentase, por lo que deberíamos obligatoriamente emprender el retorno.



Afortunadamente la nieve cesó (dejó de nevar a las 11:00 p.m. aproximadamente) e iniciamos el ascenso a las 11:30 p.m. con la mayor y mejores expectativas sobre la jornada, el camino se hallaba con abundante nieve como era de esperarse y salimos con media hora de anticipación (lo habitual es salir a las 12:00 m) coordinando previamente el orden de los caminantes.
A medida que avanzamos uno de nuestros integrantes, comenzó a presentar problemas para moverse eficientemente en la ruta, situación que lo condujo a un mayor gasto energético y por ende a moverse más lentamente, esto obviamente redujo el ritmo del grupo, al punto que llegamos al sitio donde debíamos colocarnos los crampones a las 2:15 a.m., lugar al que debíamos haber llegado a las 12:30 a.m. por lo que el retraso para este momento era ya de dos horas.
Nos colocamos los crampones en un sitio situado a 5.400 m, organizando a su vez dos cordadas, la primera compuesta por Julio Veintemilla, Tomas Maldonado y Alexandra Rojas consecutivamente y del mismo modo otra por Cristopher Camargo, Jorge Castellanos y Jhoni Ontiveros en el orden señalado; es bueno indicar que se realizó esta preparación del grupo y los equipos dado a que las pendientes desde este lugar tiende a volverse más abruptas y riesgosas, razón por la cual no recomiendan hacer cordadas largas especialmente en esta montaña.




Continuamos el ascenso, alcanzando en una muy tortuosa marcha la arista ubicada a un costado de la formación rocosa denominada “El Castillo” (Eran las 4:30 a.m.), tomamos la arista hacia la izquierda donde superamos el paso más peligroso de la ruta conocido por los montañistas como “el paso expuesto” pues es visible desde ese tramo los precipicios de ambas laderas de la montaña.
Emprendimos el ascenso del primer domo donde la pendiente era pronunciada; ya a los 5.780 m, siendo las 6:30 a.m. y estudiando todas las situaciones presentadas, decidimos no continuar el ascenso a la montaña y bajar en grupo, por el riesgo de avalanchas que pudieran presentarse en el descenso por el efecto del sol sobre la nieve (llegar a la cumbre después de las 8:00 am se considera un riesgo).
Tristes, agotados e impotentes, eran los estados de ánimos en los que nos encontrábamos al momento de tomar la decisión, donde conscientemente se prefirió la seguridad total a evitar que alguno pasara a engrosar la sumatoria del gran número de caídos en esta imponente montaña.


Destacamos que el grupo hizo todo de modo planificado, poniendo todo el esfuerzo para poder alcanzar la anhelada cumbre; lamentablemente las condiciones atmosféricas extremas mencionadas y las dificultades humanas presentadas escaparon a nuestras manos, impidiendo cumplir la meta final.
Sin embargo y a modo de reflexión el punto alcanzado y la ruta recorrida en sí, nos dejó una gran satisfacción: Superar la parte más complicada como lo fue la llegada al castillo y la superación del tramo expuesto, haciendo que lo que faltase a la cumbre se tradujera en 4 hrs.


Con motivo de responder a la pregunta: ¿Por qué no continuamos?, debemos responder que esta acción no fue realizada debido a que resultaba muy peligroso, pues a medida que van transcurriendo las horas diurnas, el glaciar tiende a hacerse más débil y tiende a aumentar el riesgo de avalanchas (como pudimos evidenciar luego de haber llegado al refugio, donde una buena cantidad de nieve, hielo y roca se precipitó desde la base del castillo); esto es muy bien sabido por el gremio de montañistas experimentados.
GRACIAS A TODOS POR SEGUIR
ESTOS PEQUEÑOS PASOS DE MONTAÑA
A modo de conclusión podemos decir que: para aquellos que desean alcanzar la cumbre de esta montaña, es recomendable los meses de junio y julio, pues el mes de abril es conocido por sus abundantes precipitaciones, como lo asegura el refrán popular: “abril, aguas mil” a menos que desee intentarse en completa ruta invernal, como lo fue nuestro caso.




Cristopher Camargo

A.C. ANDES-TERRA

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